En los tiempos modernos o mejor millennials para estar a tono con la moda, se cree que todo es nuevo y se creó recientemente. La experiencia y la ciencia riñen con la dinámica de las comunicaciones, el Google y las redes sociales. Lo anterior es anticuado, obsoleto y deleznable…

Sin embargo, en agricultura y muchos otros temas, el pasado es la base de lo que se conoce y aplica hoy, incluso en muchos casos es exactamente los mismo que hoy conocemos, así las técnicas de producción hayan mejorado, la maquinaria y la tecnología hayan potenciado la eficiencia y el rendimiento.

Novoagro en su edición de octubre nos regala una nota de innovación en agricultura del siglo XVIII que nos remite a la síntesis de la Urea, base de la agricultura moderna, la cual vale la pena reproducir, como un elemento de conocimiento.

LA LEY DEL MÍNIMO

En siglo XIX ´se presentaron una serie de grandes sucesos, muy afortunados para el desarrollo de las ciencias y por ende para la agricultura.

Coincidieron grandes personajes de la talla de Louis Pasteur, Robert Coch, Mendel, Darwin y el barón Justus von Liebig (imagen), químico alemán (1803-1873) considerado uno de los pioneros de la química orgánica y la bioquímica. Su obra más famosa, Química orgánica y su aplicación a la agricultura y a la fisiología (1840).

Se evoca su nombre porque fue pionero de la química orgánica, la bioquímica, la fisiología vegetal y la química agrícola, y es considerado por ello uno de los científicos más ilustres del siglo XIX. Se doctoró en 1822 por la Universidad de Erlangen. Discípulo de Gay-Lussac en París, fue más tarde (con tan solo 21 años) profesor en las universidades de Giessen y Munich. En Giessen revolucionó la enseñanza de la química y creó una de las más prestigiosas escuelas de investigación. Su primer descubrimiento significativo, el isomerismo (compuestos distintos con la misma fórmula molecular), lo realizó con la ayuda de F. Wöhler (descubridor de la síntesis de la urea).

Sugirió que las plantas transforman la materia inorgánica de la tierra y de la atmósfera en materia orgánica. Revolucionó la ciencia agraria y enunció la teoría química de la fermentación. (*)

Uno de sus logros más renombrados fue la invención del fertilizante a base de nitrógeno (descrito en su publicación de 1840) y formuló la Ley del Mínimo, que indica que el desarrollo de una planta se ve limitado por el mineral esencial relativamente más escaso, visualizada como el barril de Liebig. Este concepto es una versión cualitativa de los principios utilizados para determinar la aplicación de fertilizantes en la agricultura moderna…

(*) https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/liebig.htm”.

Como se puede apreciar, la urea el isomerismo y el uso del nitrógeno en la fertilización agropecuaria están en aplicación aún dentro de las formas modernas de producción agropecuaria, están cerca de alcanzar 2 siglos desde su descubrimiento y siguen plenamente vigentes. Así, no hay nada nuevo bajo el sol.

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