Revista Nacional de Agricultura
Edición 1065 – Diciembre 2025

En 2024, 673 millones de personas en el mundo siguen pasando hambre, una leve reducción frente al 8,7 % de 2022, pero que mantiene la alerta. Según la FAO, “la mejora es desigual: se observa principalmente en Asia, por India, y en Sudamérica, especialmente en Brasil, que logró salir del hambre y la pobreza”.
Máximo Torero, economista jefe de la FAO, aseguró durante su intervención en el Congreso Nacional Agropecuario que actualmente 2.300 millones de personas no tienen acceso regular a una alimentación adecuada y 2.600 millones carecen de dietas saludables, lo que afecta directamente la desnutrición. Torero advirtió que “los indicadores nacionales más estructurales, como peso por talla o diabetes, no se están logrando y las desigualdades han seguido incrementándose, exacerbadas durante el periodo de COVID-19”.
Inflación alimentaria aumenta desigualdades
La inflación de los alimentos ha sido un factor crítico. Según Torero, “la inflación alimentaria mundial pasó a ser de 13,6 %, más alta que la inflación general, y en los países más pobres llegó a ser del 30 % en 2023”. Esto impacta con mayor fuerza a los hogares más vulnerables, que destinan la mayor parte de su presupuesto a alimentos.
En Latinoamérica y el Caribe, el 5,1 % de la población está en hambre (34 millones de personas), 170 millones carecen de acceso regular a alimentación adecuada y 182 millones no pueden pagar una dieta saludable. “Es una gran contradicción en una región que es gran exportadora de alimentos en el mundo”, afirmó Torero.
Además, según la FAO, entre el 46 % y el 80 % de los votantes en todo el mundo consideran que el precio de los alimentos influye en su decisión electoral. En países importadores de cereales, como Colombia, el aumento de precios se combina con la devaluación del tipo de cambio y el alza en los insumos, elevando aún más el costo de la importación.
Los incrementos incluyen no solo el precio de los commodities, sino también energía, fertilizantes y otros insumos, y han llevado a que la inflación alimentaria supere en muchos casos la inflación general. Este fenómeno genera desigualdad, afectando especialmente a mujeres y niños menores de cinco años.
“Un 10 % de incremento en los precios de alimentos lleva, en promedio, a un 3,5 % de incremento en la inseguridad alimentaria grave y moderada en el mundo… y un 5,5 % en la prevalencia de desnutrición grave entre niños menores de cinco años”, afirmó.
Innovación y adaptación: el futuro de la producción de alimentos
Torero destacó que “las economías emergentes impulsan el crecimiento del consumo de productos básicos agrícolas” debido al aumento de población, ingresos y urbanización. A medida que crecen los ingresos, se proyecta que el consumo de productos ganaderos y pesqueros aumente en los países de ingresos medios altos.
Frente a riesgos como COVID-19, la guerra en Ucrania y fenómenos climáticos, el economista sostuvo que “tenemos que generar una reforma en los sistemas agroalimentarios para que estén preparados a operar en escenarios distintos. Ya no podemos pensar en un sistema agroalimentario estático”.
La biodiversidad y la ciencia son clave para la preparación productiva. “¿Para qué tengo bancos genéticos de productos agrícolas? Es porque eso me da biodiversidad… son los que me van a ayudar a buscar variedades que me harán resilientes a temperaturas extremas, pestes y enfermedades que evolucionan”. También destacó la necesidad de reducir pérdidas y desperdicios, tanto al por mayor como al por menor.
Garantizar la seguridad alimentaria global no depende únicamente de la producción de alimentos, sino de un enfoque integral que combine productividad, resiliencia, sostenibilidad y acceso a dietas saludables. Según Máximo Torero, estas acciones son esenciales para que los sistemas agroalimentarios puedan resistir futuras crisis, adaptarse a fenómenos climáticos, conflictos o pandemias, y responder a la creciente demanda mundial de alimentos, protegiendo al mismo tiempo a los más vulnerables.

