Revista Nacional de Agricultura
Edición 1067 – Marzo 2026

Por: Axis Consultora Política

Fotografía Presidente de la SAC - Jorge Bedoya

El pasado 8 de marzo Colombia eligió un nuevo Congreso de la República, configurando un escenario político que redefine las dinámicas legislativas para el periodo 2026–2030. Más allá de la distribución de curules, los resultados evidencian una transformación en la representación política y consolidan un sistema caracterizado por una polarización ideológica más sólida y la necesidad de acuerdos permanentes.

Dinámica del electorado: mayor participación, pero sigue la abstención

La jornada electoral registró un incremento en la participación ciudadana, superando el 50% del censo electoral. Este aumento, de más de tres puntos porcentuales frente a 2022, estuvo acompañado de una reducción significativa en los votos nulos, con cerca de 150.000 sufragios menos en comparación con el proceso anterior.

Estos indicadores sugieren una mayor movilización del electorado y un mejor entendimiento del proceso de votación. Sin embargo, el abstencionismo continúa siendo un rasgo estructural del sistema electoral pues más de la mitad de los ciudadanos habilitados no se presentaron a las urnas.

Declive relativo de los partidos tradicionales

Un elemento relevante de este proceso fue la recomposición de los partidos tradicionales. Pese a que el Partido Liberal, el Partido Conservador y el Partido de la U siguen manteniendo una fuerte presencia en algunos territorios del país, se redujo su representación frente a periodos anteriores, especialmente en el Senado.

Este comportamiento puede entenderse como una respuesta a nuevas preferencias del electorado, asociadas a estrategias y dinámicas políticas coyunturales, entre ellas el uso de herramientas digitales. Estas transformaciones han generado una mayor dispersión del voto hacia nuevas fuerzas políticas y coaliciones, contribuyendo a un incremento en la fragmentación del Congreso.

Reconfiguración del mapa político

Los resultados de las elecciones consolidan a fuerzas como el Pacto Histórico y el Centro Democrático como los más votados del nuevo Congreso. No obstante, esto evidencia al mismo tiempo la dispersión del poder político entre dos bloques ideológicos opuestos como se observa en las siguientes gráficas.

En el Senado de la República, donde la mayoría absoluta se ubica en 52 votos, la distribución evidencia un equilibrio con aproximadamente 27 curules que corresponden a la izquierda, 24 al centro-izquierda, 1 al centro, 26 al centro-derecha y 24 a la derecha. Esta configuración impide la existencia de mayorías automáticas y establece la necesidad de construir acuerdos para cualquier decisión legislativa mayoritaria.

La Cámara de Representantes, por su parte, presenta una fragmentación aún más acentuada. Con una mayoría absoluta de 92 votos, la distribución se organiza en torno a cerca de 59 curules en la izquierda, 45 en el centro-izquierda, 2 en el centro, 45 en el centro-derecha y 33 en la derecha. Aunque los sectores de izquierda concentran un mayor número de escaños, este peso no será suficiente para garantizar una aprobación legislativa sin los partidos ubicados en los espectros del centro.

En este nuevo equilibrio, este sector adquiere una importancia clave. Con una representación amplia, su ubicación ideológica los convierte en actores “bisagra”. En votaciones cerradas, estos actores pueden inclinar el resultado hacia uno u otro bloque, especialmente en un contexto donde las mayorías no están garantizadas y cada voto adquiere un valor estratégico.

Un Congreso de acuerdos y mayorías variables

La principal conclusión del nuevo escenario legislativo es clara: Colombia entrará en un periodo sin mayorías automáticas.Ninguna corporación tendrá una votación mayoritaria para imponer su agenda sin recurrir a acuerdos interpartidistas. Esto implica que la aprobación de reformas dependerá de coaliciones variables, negociaciones constantes y acuerdos puntuales.

La cercanía en la representación entre bloques ideológicos genera un entorno en el que las decisiones pueden definirse por márgenes mínimos. Las curules independientes y los partidos no alineados por el Gobierno que llegue serán piezas clave dentro de la dinámica legislativa. La viabilidad de las reformas dependerá menos de mayorías preexistentes y más de la capacidad de articular acuerdos entre sectores con visiones diversas.

En este escenario, la negociación, la articulación política y la gestión de alianzas se consolidan como los principales instrumentos de gobernabilidad. Más que un Congreso de bloques, la dinámica legislativa se enfrentará a los equilibrios que se puedan alcanzar.