Revista Nacional de Agricultura
Edición 1073 – Septiembre 2026

Suelo agrietado por la sequía con brotes y sol en el horizonte

El campo colombiano atraviesa un punto de inflexión ante el fortalecimiento de las condiciones asociadas al fenómeno de El Niño. Aunque el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) venía informando desde junio de 2026 sobre la presencia de estas condiciones, su evolución y persistencia han incrementado la preocupación por los posibles efectos sobre la producción agropecuaria.

En Colombia, El Niño suele manifestarse en una reducción de las lluvias y un aumento de las temperaturas en diferentes regiones. Según las proyecciones del IDEAM, el déficit de precipitaciones podría intensificarse hacia finales de 2026 y sus consecuencias podrían extenderse durante el primer semestre de 2027, con la posibilidad de prolongarse por más tiempo.

Ante este escenario, las preguntas fundamentales giran alrededor de tres variables: cuánto durará el evento, qué tan intenso será y en qué regiones se concentrarán sus mayores efectos. La interacción de estos factores condicionarán la magnitud de su impacto sobre el sector agropecuario, al determinar la disponibilidad hídrica, el comportamiento de las siembras y las decisiones de producción.

En el corto plazo, el abastecimiento nacional de alimentos cuenta con el respaldo de la entrada escalonada de cosechas agrícolas de ciclo corto en diversas regiones del país. Sin embargo, los principales efectos de El Niño podrían comenzar a reflejarse en las siembras y cosechas del próximo año, especialmente en los cultivos de ciclo corto y la actividad ganadera.

Las consecuencias de las altas temperaturas ya se perciben en el departamento del Tolima, donde los incendios forestales han afectado más de 8.131 hectáreas de cultivos y 14.900 hectáreas destinadas a actividades pecuarias, con repercusiones directas sobre la economía rural de más de cien mil productores.

Más allá de sus efectos sobre la actividad rural, la consolidación de un evento climático de gran intensidad podría desacelerar la economía del país. Estimaciones de ANIF indican que El Niño provocaría una reducción de 0,6 puntos porcentuales en el crecimiento del producto interno bruto del sector agropecuario, mientras que análisis de Corficolombiana advierten que el PIB agrícola podría registrar su mayor contracción en los últimos veinte años.

En cuanto al comportamiento de los precios, ANIF señala que el fenómeno climático podría afectar directamente cerca del 19 % de la canasta de consumo, principalmente en alimentos y energéticos. Sus cálculos sugieren que la inflación general podría elevarse hasta el 7,3 % si el fenómeno presenta un comportamiento similar al de los episodios fuertes del pasado.

A partir del análisis de los tres episodios fuertes anteriores, la entidad señala que la inflación de alimentos tiende a acelerarse entre 6 y 10 puntos porcentuales por encima de la inflación general. Este tipo de choques afecta de manera diferenciada a los hogares de menores ingresos, que destinan una mayor proporción de sus recursos a la alimentación.

Esta contingencia climática no ocurre de manera aislada, sino que se enmarca en lo que hemos calificado como una tormenta perfecta para el campo colombiano. Los agricultores y ganaderos enfrentan simultáneamente los elevados costos de algunos insumos y fertilizantes importados, afectados por las dificultades logísticas internacionales.

A esto se suman el incremento del salario mínimo, la volatilidad de la tasa de cambio, que reduce los ingresos en pesos de distintos subsectores agroexportadores, y la persistente incertidumbre en materia de seguridad territorial. En conjunto, estos factores configuran un panorama de alta presión sobre la producción nacional.

Ante el riesgo de pérdidas productivas ocasionadas por sequías o incendios, hacemos un llamado al Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural para articular esquemas oportunos de alivio que permitan salvaguardar la capacidad financiera de los productores agropecuarios y, de esta manera, proteger la seguridad alimentaria nacional en el largo plazo.