Revista Nacional de Agricultura
Edición 1073 – Septiembre 2026

Mientras el comercio exterior de Colombia registra incrementos mensuales importantes y acumula un crecimiento del 12,8 % en lo corrido del año, impulsado por las ventas externas minero energéticas, de hidrocarburos y oro, la canasta agroexportadora experimenta un retroceso significativo durante 2026.
El valor de las exportaciones del sector agropecuario cayó un 10,8 % en junio, un 0,8 % en julio y un 16 % en agosto, acumulando una disminución del 4,1 % durante los primeros ocho meses del año. Este comportamiento enciende las alarmas entre los productores, pues pone en riesgo la sostenibilidad financiera de las empresas rurales y la estabilidad de cerca de 3,1 millones de empleos en el sector agropecuario.
Uno de los factores de mayor impacto ha sido la acelerada apreciación del peso frente al dólar. Entre el 1 de enero y el 14 de octubre de 2026, el valor de la divisa estadounidense cayó un 15,3 % y, desde su último pico, registrado el 14 de noviembre de 2025, ha perdido un 29 % de su valor. En agosto, la tasa de cambio llegó a cotizarse por debajo de los $3.050 por dólar. Esta revaluación se ha sentido especialmente en algunos de los productos más emblemáticos del agro colombiano.
En la caficultura, según estimaciones de ANIF, cada variación de $100 en la tasa de cambio genera un impacto cercano a $34.000 millones sobre el valor de las exportaciones, siempre que el volumen exportado se mantenga constante. Adicionalmente, la producción cafetera registró un retroceso importante frente a 2025, al cerrar septiembre con una producción acumulada un 10 % menor, situación que profundiza las dificultades económicas de las familias caficultoras.
La floricultura, un sector altamente intensivo en mano de obra, que emplea a 15 personas por hectárea y destina más del 90 % de su producción a los mercados internacionales, registró una caída del 2 % en el valor acumulado de sus exportaciones. Su situación es especialmente compleja, pues, además de enfrentar las dificultades cambiarias, debe asumir un arancel del 12,5 % para ingresar al mercado de Estados Unidos, su principal comprador, mientras que competidores directos de la región quedaron exentos de esta medida.
Por su parte, en la agroindustria bananera, la caída del dólar reduce considerablemente los márgenes operativos. De acuerdo con modelaciones del sector, una disminución del 20 % en la tasa de cambio, al pasar de $4.050 a $3.250 por dólar, eliminaría el equivalente al 155 % de la utilidad por hectárea, transformando un margen positivo en pérdidas operacionales. Como consecuencia, el punto de equilibrio necesario para cubrir los costos pasaría de 1.941 a 2.560 cajas anuales por hectárea, lo que dejaría a numerosos productores operando con pérdidas.
La apreciación del peso genera una asimetría para los agroexportadores: mientras reciben cada vez menos pesos por cada dólar obtenido en los mercados internacionales, sus costos operativos internos se pagan en moneda nacional y presentan una menor capacidad de ajuste. El sector agropecuario es altamente intensivo en mano de obra y su estructura de costos se ha incrementado por diferentes factores, entre ellos las reformas laborales y los ajustes del salario mínimo por encima del crecimiento de la productividad. Esta presión reduce la rentabilidad de las cosechas destinadas a la exportación y compromete la sostenibilidad financiera de la producción agropecuaria.
Frente a esta coyuntura, es necesario proteger la estabilidad de la producción rural y evitar la pérdida de empleo en el campo. Solo mediante una hoja de ruta decidida, enfocada en la productividad, la innovación y la reducción de costos, será posible fortalecer a los productores colombianos frente a las incertidumbres del comercio internacional.

