Revista Nacional de Agricultura
Edición 1072 – Agosto 2026

Por: María José Colmenares Wolff
Asesora Económica SAC
Con la reciente publicación por parte del DANE de los resultados del Producto Interno Bruto (PIB) para el segundo trimestre de 2026, el sector agropecuario completa dos trimestres consecutivos con resultados a la baja. Las cifras muestran una diferencia entre el ritmo de la economía nacional y la realidad productiva del campo colombiano. Mientras el PIB total consolidó un crecimiento anual del 3,5 %, un resultado superior a las expectativas, el sector agropecuario registró una contracción del 2,1 %.
Al desagregar las cifras del segundo trimestre, se observa que la caída sectorial obedece principalmente al deterioro de algunos renglones estratégicos. Los cultivos agrícolas transitorios y permanentes reportaron una variación anual de -4,4 %, explicada en buena medida por la disminución de la producción de bienes como el banano, el plátano, las flores y la yuca. A esto se suma una contracción del 36,4 % en la pesca y la acuicultura.
La caída general del sector habría sido aún más profunda de no ser por el comportamiento de algunas actividades que lograron mitigar el impacto. La ganadería registró un crecimiento anual del 4,8 %, impulsada por el dinamismo en la producción de leche, ganado bovino y porcino, y huevos, respaldados por una expansión tanto de la demanda interna como de la externa.
De igual forma, el cultivo permanente de café registró un crecimiento del 16,4 %, comportamiento asociado, entre otros factores, a una estrategia de acumulación de inventarios por parte de productores a la espera de mejores condiciones de precios.
Menor crecimiento y menos empleo
La desaceleración productiva que revelan las cifras del PIB también encuentra señales en el mercado laboral rural. Durante los primeros siete meses de 2026, el sector agropecuario registró reducciones en el número de ocupados en cinco de ellos. En julio, a pesar de continuar siendo el segundo mayor empleador del país, el sector presentó una disminución de 204 mil puestos de trabajo.
Este escenario se suma a uno de los principales desafíos estructurales del mercado laboral rural: la informalidad. En el trimestre abril-junio, la tasa de informalidad del sector llegó al 85,4 %, ubicándose como la más alta entre las actividades económicas del país.
Tasa de cambio y exportaciones
Los resultados productivos y laborales también se entrelazan con la dinámica del comercio exterior y la tasa de cambio. El primer semestre del año estuvo marcado por una apreciación importante del peso frente al dólar, con efectos mixtos para la economía agropecuaria.
Por un lado, una tasa de cambio más baja reduce el costo en pesos de algunos insumos importados, lo que puede favorecer a actividades como las pecuarias, que tienen una alta dependencia de materias primas provenientes del mercado internacional para la alimentación animal.
Por otro, la apreciación del peso afecta los ingresos en moneda local de sectores agroexportadores como café, banano, flores y tilapia, entre otros, que reciben buena parte de sus ingresos en dólares mientras mantienen una proporción significativa de sus costos en pesos.
En comercio exterior, las exportaciones tampoco han mostrado el dinamismo registrado en años anteriores. Entre enero y junio, el sector presentó una disminución del 2,7 % en el valor exportado, con reducciones importantes en productos como café sin tostar (-11,6 %), flores (-5,0 %) y cacao (-62,7 %).
Los costos siguen presionando la rentabilidad
A las variables de crecimiento, empleo y exportaciones se suma la presión que continúa ejerciendo la estructura de costos sobre la rentabilidad de los productores agropecuarios.
Si bien la inflación general ha cedido frente a los máximos registrados en 2022, todavía se encuentra por encima del rango meta del Banco de la República. Para el grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas, la tendencia ha sido similar: la inflación se ha reducido considerablemente desde el máximo anual de 27,8 % registrado en diciembre de 2022 y, aunque en julio presentó una variación mensual negativa, la variación anual se mantuvo por encima del 5 %, ubicándose en 5,82 %.
A este escenario se suman las expectativas frente a un fenómeno de El Niño de alta intensidad, que empiezan a reflejarse en el comportamiento de algunos precios agropecuarios. Se espera que sus efectos puedan hacerse más evidentes hacia finales del año, especialmente en productos como frutas, tubérculos, leche, carne y productos avícolas.
Durante los próximos meses, la apreciación del peso y la reducción de algunos precios internacionales podrían contribuir a contener nuevas presiones sobre los precios agropecuarios.
El reto de recuperar el dinamismo
En definitiva, las cifras disponibles para el primer semestre de 2026 muestran que el sector agropecuario colombiano atraviesa una coyuntura económica desafiante. La contracción de la actividad productiva se presenta en un contexto marcado por menores resultados en las exportaciones, pérdida de puestos de trabajo, altos niveles de informalidad y presiones persistentes sobre la rentabilidad de los productores.
El comportamiento de algunas actividades, como la ganadería y el café, permitió moderar la caída, pero no fue suficiente para revertir el resultado agregado del sector.
De cara al segundo semestre y al inicio de un nuevo periodo de Gobierno, recuperar el dinamismo del agro requerirá condiciones que favorezcan la inversión privada, permitan que las reducciones en algunos costos se transmitan efectivamente a los productores y faciliten la formalización laboral, de manera que el sector pueda fortalecer su aporte al crecimiento, el empleo y el desarrollo económico del país.

